LOS CRONISTAS Y EL BOLETÍN

Don Joaquín Jaramillo y don Pablo Guerrero, nos dejaron una descripción bastante minuciosa de las actividades que el grupo realizó en los primeros años, los sucesos de la vida familiar y profesional de los socios y también algunos comentarios sobre la vida social y artística de la ciudad de Medellín. Gracias a las crónicas, hoy podemos conocer cómo era la vida del Club Fotográfico Medellín en esos primeros años. Allí están las bases de lo que hoy es su tradición.

Don Joaquín Jaramillo fue quien con su iniciativa y cualidades de organizador, contribuyó al desarrollo de la estructura administrativa y al establecimiento de algunas tradiciones de orden fundamental. Fue él quien redactó los primeros Estatutos del Club y también el gran impulsador de actividades especiales que contribuyeron a la cohesión del grupo a través de vínculos de amistad entre los socios.

Don Joaquín se cuidó de numerar sus crónicas que aparecieron con frecuencia, pero sin una estricta regularidad.

Es deliciosa la lectura de esas descripciones que recogen todo lo que el Club hizo: Exposiciones, concursos, paseos, charlas y conferencias. Las crónicas hablan de los socios, de sus oficios, de sus familias, de las empresas, de los viajes y de esas reuniones especiales, como las de fin de año, que muchas veces se celebraron alrededor de una paella o de una “frisolada”. La crónica incluyó la noticia de las defunciones, de los matrimonios, de los nacimientos. Cada socio nuevo fue saludado y con alguna facilidad es posible rastrear los momentos importantes de su participación en las actividades. Muchos de los hechos importantes de la época, en los campos de la política, el arte, la ciencia, la industria y la actividad social, se encuentran mencionados allí.

En la actualidad, queda muy poco de la correspondencia, los registros y las crónicas, por la falta de una cuidadosa conservación de los archivos del Club. Con la pérdida de los archivos de don Joaquín Jaramillo, desapareció quizás mucho del acervo de documentos de la historia, sobretodo de los primeros años del Club, y es muy poco lo que hay de los años setenta, ochenta y noventa.

Pero gracias a la conciencia de preservar documentos de valor histórico de don Pablo Guerrero Hurtado, quien fue el más joven de los fundadores, tenemos hoy la posibilidad de asomarnos al pasado. En sus archivos encontramos verdaderas joyas de la historia del Club, como un ejemplar del plegable con el cual la Biblioteca Pública Piloto de Medellín difundió, a finales de 1954, el concurso de fotografía que dio origen al Club.

Don Joaquín asumió incansablemente la tarea de escribir las crónicas hasta agosto de 1961, cuando por haber recibido el nombramiento de presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas, se consideró imposibilitado para continuar con su labor y le entregó a Pablo Guerrero esta responsabilidad, después de publicar el número 66.

El otro gran cronista del Club fue Pablo Guerrero. Su cercana amistad con don Joaquín sirvió para que éste último hubiera involucrado en muchas de sus actividades al joven socio, con quien compartió incluso, momentos de la vida familiar en la famosa casona de la Hacienda Niquía en la cual los amigos del Club vivieron muchos momentos memorables.

En manos de Pablo Guerrero, el Boletín mantuvo su mismo tono y su estilo coloquial, pero cambió su apariencia de un formato tamaño oficio, a una pequeña revista de la mitad de esta dimensión. Con la ayuda de Editorial Colina se imprimieron inicialmente las carátulas en un papel más fino, con una fotografía de alguien del Club en cada número y posteriormente, a partir del número 86, la carátula se hizo en duotono, con una calidad mejorada.

Pablo Guerrero escribió sus crónicas hasta finales de 1970, cuando fue reemplazado por don Joaquín, quien produjo catorce números más, con una modesta presentación, muy diferente a la que había tenido en los años inmediatamente anteriores. Con el número 134 se silenciaron definitivamente los cronistas. Este fue el último número del Boletín.

En épocas posteriores, se han publicado Boletines de carácter informativo, que se han ocupado casi exclusivamente de la relación cronológica de las reuniones, de la lista de cumpleaños y de uno que otro hecho social. Muchos tienen incluso, un comentario editorial. Pero ese tono coloquial, sencillo y espontáneo de los primeros cronistas, es algo que ha quedado para la historia como la raíz vigorosa que ha sostenido la mística del Club Fotográfico Medellín y es una de las razones de su supervivencia.

El primer número del Boletín fue fechado el 8 de septiembre de 1956, cuando el Club vivió su primera fase de consolidación, al estrecharse los lazos de amistad de los socios y de algunos amigos que sin ser socios, frecuentaban las reuniones. Desde aquella época, tal como lo es ahora, el Club ha celebrado sus reuniones a puertas abiertas; todo el que posee interés por la fotografía es bienvenido en las reuniones, cualquiera que sea su procedencia.

La primera sede del Club fue la Biblioteca Pública Piloto: allí se celebraron las reuniones durante un año aproximadamente. Desde mediados de 1956, hasta principios del 57, la sede fue el Club Español y a partir de entonces se trasladó a los laboratorios Oduperly en la carretera a El Poblado. La acogida que don Oscar Duperly Du-Friez brindó al Club. fue tan generosa que el salón de reuniones que la empresa tenia en su sede, fue adecuado para ofrecer al grupo muy buenas comodidades. Esto le dio al Club la estabilidad que le hacia falta.

Don Oscar Duperly Du-friez fue el gran apoyo en el momento de la desvinculación de la Biblioteca Piloto. La cercana amistad que algunos de los miembros tuvieron con don Oscar es bien conocida. Nunca asistió a las reuniones, sin embargo su respaldo y su importancia en el medio como hombre de empresa, indujo a la Junta a declararlo Socio Honorario. en 1957.

Fue entonces cuando los miembros de la familia comenzaron a acercarse al Club. El primero fue Fernd, hombre fogoso que golpeaba el piso con su pie cuando quería darle énfasis a un argumento o a una opinión. Experto fotógrafo y muy colaborador con el Club, Fernd era una persona distinguida por su generosidad y por su liderazgo. Fue además un excelente piloto; durante algún tiempo presidió la Patrulla Aérea Colombiana y fue miembro muy activo de la Asociación de Scouts de Colombia. Ocupó en esta organización altos cargos, como el de Jefe Regional de Antioquia. Luego apareció Henry, quien durante estos primeros años fue asiduo asistente a las reuniones y promotor de actividades especiales. como los célebres paseos.

Finalmente llegó María Victoria, quien es un caso excepcional en la historia del Club. Hizo época como Secretaria por su entusiasmo, su capacidad de trabajo y su espíritu de servicio, por lo cual los líderes del Club y todos los socios eran muy deferentes con ella. Para algunos fue algo así como el poder detrás del trono, pues hacia finales de los años sesenta, cuando decayó notablemente el ánimo de los socios por participar en las actividades, fue ella quien sostuvo el entusiasmo junto con Pablo Guerrero y Octavio León Mesa. María Victoria fue tenida desde su ingreso como la niña bonita del Club por su gran simpatía.

Fue María Victoria una persona muy destacada en el campo de los audiovisuales; recordamos uno sobre camiones de escalera que le mereció gran reconocimiento. Su cámara era una Retina reflex, la cual después de la Leica era la más famosa de la época. Casi nunca hizo fotografía en blanco y negro y fue una verdadera experta en la técnica de la fotografía en colores.

Pablo Guerrero describió así a María Victoria: “Una mujer elegante, que parecía un bizcochito a toda hora, le gustaban mucho los colores claros en su vestir, tuvo un automóvil Wolkswagen último modelo, de color blanco que llamaba la motica; muy animada para los paseos y de una sonrisa permanente y contagiosa”.

Es evidente que la campaña de la Biblioteca Piloto para realizar el concurso que dio origen al Club, llegó a personas que tenían un serio interés en la práctica de la fotografía como afición y también, que existía en Medellín la necesidad de una organización que proporcionara la oportunidad de encontrarse. Prueba de ello es, no solo la calidad de las personas que acudieron a vincularse, sino su permanencia en la institución que se creó y la adhesión de varias generaciones de aficionados, a lo largo de los cincuenta años de vida del Club.

Muy pronto comenzó a vincularse gente de la calidez de Juan Ochoa, el célebre “Juanocho”, que siempre esgrimía el argumento de que “En el arte lo importante es el principio, es la idea, lo demás no importa un carajo”. Con su aspecto de quijote, muy flaco, de barba y bigote blanco, cejas muy tupidas y una mirada ceñuda, alegró muchas veces las reuniones como el hombre del chiste oportuno, que era capaz de reírse hasta de sí mismo.

Cuando la estructura administrativa del Club se había consolidado, al cabo de los dos primeros años de actividad continua, fueron apareciendo costumbres que con el tiempo se consolidaron como fuertes tradiciones. Es el caso del título de Socio Honorario, que en toda la existencia del Club se le ha otorgado a una decena de personas. Fue don Oscar Duperly Du-Friez el primero que recibió esta distinción, a mediados de 1957, por sus méritos como gran benefactor del Club. Consciente de la importancia que tenía para la difusión de la fotografía en Medellín la existencia de una organización como el Club, don Oscar lo apoyó de muchas maneras y tuvo una cercana amistad con los fundadores.

Sobrados méritos reconoció el Club Fotográfico al padre Andrés Ripol para otorgarle el título de Socio Honorario a principios de 1960. A partir de su participación como miembro del Comité Organizador del concurso que dio origen al Club, el padre se distinguió como un gran apoyo, asistiendo personalmente a muchas actividades y compartiendo sus conocimientos a través de conferencias y talleres.

En el mes de mayo de 1965, en reconocimiento a su liderazgo, a sus dotes de docente, al apoyo recibido de parte de Editorial Colina y a la donación de los primeros libros para la biblioteca del Club, recibió el título de Socio Honorario don Antonio García Hernández, dentro de la conmemoración del décimo cumpleaños de la fundación.

León Echavarría fue sin lugar a dudas el primer artista del grupo, muy destacado por el manejo conceptual del arte. Pintor excelente, de un trato muy cordial, gozaba del aprecio general. Por la época de la fundación, era de los jóvenes del Club. Egresado de Bellas Artes, discípulo de Emiro Botero y del maestro Sáenz y condiscípulo de Fernando Botero, ofreció al Club en sus comienzos los mejores consejos sobre el manejo artístico de la fotografía, ejerciendo gran influencia sobre quienes se iniciaban. Hombre de una gran facilidad de expresión, dictó su primera conferencia sobre armonía y uso de los colores a principios de 1957, como consta en las crónicas. A través de sus frecuentes charlas, este hombre dejó huella en el grupo.

Al lado de León Echavarría se distinguieron otros socios como Santiago Restrepo Arango, un joven odontólogo, cuyo trabajo fotográfico era sobresaliente, aficionado muy estudioso y poseedor de una buena biblioteca sobre el tema de la fotografía, fue conferencista del Club, colaborador del boletín y ocupó la presidencia por espacio de un año, en la década del setenta. Reconocido cultivador de orquídeas, ocupó el cargo de presidente de la Sociedad de Orquideología.

En sus primeros años, el Club Fotográfico fue una pequeña organización muy activa, que gozó de gran popularidad en el medio artístico y cultural de Medellín. Dada su condición de gran apertura, a las reuniones de los lunes asistía mucha gente por curiosidad y algunos estuvieron participando como visitantes por espacio de largas temporadas, sin llegar a hacerse socios.

De algunas personas cuyo paso fue ciertamente efímero, quedó memoria en las crónicas de don Joaquín. Vale la pena mencionar, entre otros, a Rafael Uribe Uribe, joven abogado simpático y jovial, nieto del General Rafael Uribe Uribe, quien pronto se fue a vivir a Bogotá; a Enrique Bial, de nacionalidad española, quien después de un corto tiempo en el Club, regresó a su patria y a Humberto di Gianmarco, ciudadano Italiano que tenía un almacén de artículos fotográficos en Junín, al frente de lo que es hoy el edificio Coltejer.

El Club Fotográfico Medellín es un verdadero modelo de agrupación exitosa de aficionados, no solo por su sistema de membresía o por la clasificación de sus socios por categorías, sino por las actividades que realiza. Está plenamente comprobado que la frecuencia semanal de las reuniones, con un receso de dos meses en la temporada de Navidad y Año Nuevo, es la más eficaz para mantener viva la vinculación de los miembros. Los concursos internos cada mes, en los cuales sólo los socios participan, con temáticas anunciadas en la reunión especial del Club al cierre de actividades a principios de Diciembre, son un efectivo estímulo para la práctica de la fotografía.

Durante algún tiempo y a partir del lunes 9 de mayo de 1960, se numeraron las reuniones; ese día fue la número 148. la última reunión que se numeró fue la 453, el 21 de noviembre de 1967. El Club tuvo desde su fundación, como día de sus reuniones el lunes, pero a raíz del nombramiento de don Joaquín Jaramillo Sierra, en febrero de 1962, como presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas, entidad que se reunía en los mismos días, el Club cambió para los martes, con el fin de que él pudiera continuar asistiendo.

En los boletines figuran casi sin excepción, las fechas de ingreso de quienes desde la fundación, se fueron adhiriendo al grupo. La primera mujer que se hizo socia fue Esther Córdoba, quien ingresó en octubre de 1956 y ocupó el cargo de Secretaria durante un año.

El arquitecto Jorge Cadavid López, quien llegaría a ocupar la presidencia del Club a mediados de los setenta, ingresó en junio de 1957. María Victoria Duperly, quien hizo época por su liderazgo desde el cargo de Secretaria del Club, para el cual fue elegida en agosto de 1959, ingresó el 27 de octubre de 1958. Un controvertido personaje por lo recio de su carácter, pero muy reconocido por su excelente trabajo fotográfico, fue León Ruiz, quien ingresó el 9 de septiembre de 1959.

En mayo de 1963 ingresó Alicia Restrepo de Londoño, persona de muy grata recordación por su alegría y por sus dotes de animadora del Club, por cerca de veinticinco años consecutivos. En la reunión de fin de año en 1963, Alicia recibió un trofeo por haber sido la socia más destacada del año. Era su primer año en el Club.

La lista de nombres es bastante extensa, tanto que se hace imposible incluirla en un trabajo de tan exiguas proporciones como éste. Citemos finalmente a Gloria Jaramillo Olano, quien al lado de su padre, don Joaquín Jaramillo, participó como socia, en muchas actividades durante esta época.

Al Club llegaron, seguramente por amistad o lazos familiares con los socios, algunos personajes del mundo empresarial que poseían buenos equipos e interés por la fotografía. Tal es el caso de William Halaby, propietario de Lanas Colibrí y de la emisora del mismo nombre, que hizo época en la ciudad por la calidad de la música que transmitía. Otro industrial fue don Mario Uribe, uno de los propietarios de Papeles Scott de Colombia. Otro más, fue don Gabriel Gaviria Molina, hombre muy amable y acaudalado comerciante, que poseía varios almacenes de telas y adornos en la ciudad. También estuvieron en el club durante unos meses, don Marco A. Lalinde, hombre bastante reservado, dueño de una fábrica de muebles de mimbre y el alemán Federico Guhl, quien estaba vinculado al sector de los plásticos. Finalmente citemos a Alberto Arango Londoño, uno de los más jóvenes del Club en aquella época, hijo de Leopoldo Arango, el fundador de la Compañía de Empaques.

La gran fortaleza del Club en sus primeros lustros fue un grupo numeroso de socios que tomaron muy en serio la práctica de la fotografía y supieron valorar la obra con la que estaban comprometidos. Rápidamente, después de iniciadas las labores a mediados de 1955, se dedicaron a realizar programas para crear y fortalecer los lazos de amistad, llegando a constituir un grupo muy unido. Para todos era muy placentero concurrir a las reuniones para sumergirse en ese mundo del Club, por el afecto, la emulación y el enriquecimiento personal que allí encontraban. Varias veces los oímos decir que primero eran un grupo de amigos y que su afición a la fotografía era el pretexto que tenían para estar juntos.

Uno de los miembros fundadores más distinguidos del Club, fue Horacio Alvarez, personaje muy simpático, hombre del chiste oportuno y tomadura de pelo, muy alegre y entusiasta, que animaba siempre las reuniones. Físicamente, era un hombre no muy alto, de unos 40 o 45 años. En los paseos era una persona extraordinariamente alegre y muy amigo del “revelador”, como le decía al aguardiente, pero nunca se le vio embriagado. Fue Horacio Alvarez un socio memorable que gozó del aprecio de todos.

Es interesante observar que en esta época hubo en el Club un pequeño círculo de personas bastante vinculadas afectivamente con la madre patria, ya fuera por propio gusto o por tener la nacionalidad española. Don Antonio García Hernández, el padre Andrés Ripol, el doctor Gonzalo Restrepo y don Joaquín Jaramillo Sierra encabezaban el grupo con sus frecuentes viajes, su gusto por la paella y su vinculación con el Club Español, el cual sirvió como sede del Club por un tiempo, cuando la Biblioteca Pública Piloto no pudo sostener la cesión de un espacio en su sede de La Playa con Córdoba para las reuniones, por el crecimiento vertiginoso de sus actividades.

Ha existido en el Club un marcado interés por las exposiciones y los concursos, tal vez por el mismo origen de la agrupación. Podríamos decir que casi siempre el grupo ha estado ocupado con el diseño, la convocatoria y la presentación de alguna exposición o concurso.

El primer concurso interno que fue registrado en el Boletín, se realizó a finales de 1956 con el tema “Flores” y los resultados se divulgaron en la reunión del lunes 11 de febrero de 1957, según aparece publicado en el número 7 del Boletín. El ganador fue Octavio León Mesa, el segundo puesto lo ocupó Bernardo Maya y el tercero Marco A. Lalinde. Con este evento se inició la más vigorosa tradición del Club Fotográfico Medellín: Los concursos internos, que casi sin interrupción se han realizado mensualmente, durante los cincuenta años. El presidente siempre ha sido el responsable de conseguir los jurados, con la intención de que ellos compartan con los socios sus apreciaciones sobre las obras, lo cual le agrega un componente didáctico a la actividad.

Al cumplir los diez años de existencia, ya se habían definido las categorías “C” y “B”, para que cada uno tuviera por contendores a personas de su mismo nivel y también se había establecido la norma de otorgar tres, dos y un punto al primero, segundo y tercer lugar respectivamente, en cada categoría. En junio de 1965, los cinco socios con mayores puntajes eran:

Gonzalo Restrepo Álvarez 68, Pablo Guerrero Hurtado 56, Jaime Escovar Restrepo 50, Hernán Escovar Restrepo 44, León Echavarría U. 36.

La primera exposición colectiva de que se tiene noticia, fue celebrada durante los meses de noviembre y diciembre de 1956 en el Club de Profesionales, como contribución del Club a la celebración de la Semana de la Cultura, organizada por la Secretaría de Educación del municipio.

En julio de 1960, el Club realizó su segunda exposición con un total de 80 fotografías, divulgada como la Primera Bienal, para conmemorar el quinto cumpleaños de su fundación. La exposición, que fue realizada con gran éxito en la sede de la Biblioteca Pública Piloto, se presentó luego en el Museo de Zea y posteriormente en varios Centros Colombo Americanos del país. En la inauguración se escuchó una disertación del padre Ripol y en la clausura, que se llevó a cabo en el Club El Rodeo, fue entregado el primer premio a don Gonzalo Restrepo Álvarez, consistente en una bandeja de plata y la suma de doscientos cincuenta pesos y un segundo premio de doscientos cincuenta pesos y artículos fotográficos, a Pablo Guerrero.

La Segunda Bienal fue inaugurada el 5 de Noviembre de 1963 en el Museo de Zea. Su diseño incluyó tres categorías: Interés humano, paisaje y tema libre. El “Gran Premio CFM” se otorgó a Pablo Guerrero por su obra “Sutileza”. Los ganadores de las tres categorías fueron respectivamente, Fernando Isaza G., Gonzalo Restrepo Álvarez y Jaime Escovar. Terminada la exposición en el Museo, fue llevada a la sede del SENA, en donde los visitantes, por votación, otorgaron un trofeo a Hernán Escovar por su foto titulada “Brujería”, muy célebre y todavía recordada en el ámbito del Club.

La Tercera Bienal fue realizada en el mes de julio de 1966. La exposición se efectuó en la Galería Picasso y luego pasó a la biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana. Fue galardonado con el primer premio don Joaquín Jaramillo Sierra, con una fotografía que presentó bajo el título “Inundación”.

Los temas de los concursos fueron establecidos al principio con unas semanas de anticipación, pero para 1965 ya se había adoptado la costumbre de fijar los temas de todo el año siguiente para ser publicados en la última reunión de diciembre. Se escogieron temas tan originales como “escenas narrativas”, “la actividad humana” o “gente de provincia” y temas que han llegado a ser muy populares por su aparición frecuente, como “vacaciones”, “paisaje”, “arquitectura”, “aves” y “reflejos”, o los tradicionales “Medellín” y “tema libre”. 

Desde temprana época, se aprobó un Reglamento de Concursos en el cual se estipulaba que a partir de la obtención de un punto hasta veinticinco, el socio era considerado como “Categoría C” y a partir de veintiséis sería de “Categoría B”, pero no se estableció el puntaje necesario para llegar a la cima de la “Categoría A”. Esta decisión se precipitó cuando don Gonzalo Restrepo Álvarez se acercaba a los cien puntos, de tal manera que el 6 de julio de 1967, al llegar a esa cifra, lo declararon el primer socio en ascender a “Categoría A”. Poco tiempo después lo siguió don Pablo Guerrero, quien unos años más tarde llegó a sobrepasarlo en puntaje.

Algo para registrar en esta crónica, es el interés que muchos socios han tenido por participar en concursos abiertos por diversas organizaciones, desde que el padre Ripol obtuvo el primer premio en un concurso abierto por Coltejer en 1956, para su calendario de 1957. He aquí un pequeño recuento de los primeros que recibieron reconocimientos en concursos fuera del Club: José Tejada, premio en el concurso de US Camera, en Noviembre de 1957; Roberto Santamaría y Jaime Escovar, en el concurso de Coltejer para su almanaque de l959; Edwin Bridge, en el concurso abierto por Sedeco para los calendarios de 1959 y 1960; Gonzalo Restrepo, en el concurso abierto por la Cámara Colombiana de la Construcción CAMACOL, sobre el tema la construcción en Antioquia y Jaime Escovar, ganador del premio VII Festival Nacional de Arte, en la ciudad de Cali.

Varios socios fundadores se distinguieron por sus frecuentes viajes al exterior, como es el caso de Eduardo Caputi, un arquitecto más dedicado al cine que a la fotografía, que siempre regresaba con equipos novedosos y con los relatos de sus viajes entretenía al club en sus reuniones. Su empresa Caputi y Uribe estaba dedicada a la construcción de piscinas.

Fue don Joaquín Jaramillo Sierra quien estableció contacto con la Federación Internacional de Arte Fotográfico, FIAP. Con su hija Gloria, integró la delegación de Colombia y del Club Fotográfico Medellín, a la Primera Convención Americana de la FIAP, que se reunió en México, en mayo de 1964, en la cual tuvo el honor de ser nombrado presidente. A partir del mismo año, don Joaquín asumió la responsabilidad de coordinar el área de exposiciones de la FIAP en el continente y gracias a su gestión, varias exposiciones del Club viajaron al exterior, como la segunda Bienal que fue llevada a México y en reciprocidad se tuvo en la ciudad una muestra de 51 obras de fotógrafos mexicanos, que fue presentada en el mezanine de los Almacenes Oduperly, en la carrera Junín. Años más tarde, don Joaquín recibiría una importante distinción de la Federación Internacional por sus servicios.

El Club también estuvo vinculado a la Photographic Society of America, PSA y varios de sus socios asistieron frecuentemente a los eventos de esta organización en los Estados Unidos.

Como lo anotamos al principio, este trabajo abarca solamente la primera época de la vida del Club, que cubre aproximadamente los quince años iniciales. La presencia permanente de don Gonzalo Restrepo como presidente durante casi todo este lapso, mantuvo un estilo de trabajo y una orientación estables. En aquel entonces había un buen timonel y un buen equipo de trabajo. En la vicepresidencia se sucedieron Antonio García Hernández, Joaquín Jaramillo Sierra (12 años) y Jaime Lalinde. En la tesorería estuvieron Edwin Bridge (9 años) y Alfonso Mora (más de 5 años). Y en la secretaría Joaquín Jaramillo Sierra, Esther Córdoba, Pablo Guerrero y María Victoria Duperly, quien ocupó el cargo por muchos años a partir de 1959.

A finales de la década de los años sesenta, el Club entró en un proceso de transformación que tuvo como factor desencadenante el retiro del doctor Gonzalo Restrepo de la presidencia, después de haber estado en el cargo durante catorce años. Fue entonces cuando se dio el primer cambio generacional. Los “patricios”, que casi todos rayaban ya los sesenta años de edad, fueron abriendo paso a sus sucesores, quienes como es el caso del segundo presidente Octavio León Mesa, habían trabajado mucho tiempo de la mano de aquellos, aportando iniciativas y liderando proyectos.

De esta manera, el Club Fotográfico Medellín ha llegado a más de  cincuenta años de vida, como una organización estable y comprometida con el cumplimiento de sus objetivos. Muchos y muy importantes han sido sus alcances en todas las épocas; vale la pena que conozcamos su historia, pues a ella está ligada la historia de la fotografía antioqueña a partir de los años cincuenta del siglo veinte.

Y en el fondo de su propia historia, quizás lo más importante es la fidelidad a unos principios a un modelo de programación y al conjunto de sus tradiciones. Los estatutos que fueron aprobados en mayo de 1955 cuando el Club nació, decían así en su artículo segundo:

“El Club tiene por objeto el desarrollo y promoción del Arte de la Fotografía, en sus varias ramas, por medio de la asociación de sus miembros para el estudio y disfrute de todo aquello relacionado con la fotografía, en el fomento de exposiciones y concursos fotográficos y en general a todo lo que tienda a promover el interés y mejoramiento en el conocimiento y práctica de la fotografía y cinematografía en todas sus formas”. 4

Ya en los primeros años de la década de los ochenta del siglo pasado fueron fundamentales para el resurgimiento del interés sobre la fotografía en nuestro medio. En 1982 se realizó en Medellín la IV Bienal de Arte Latinoamericano y como evento paralelo, la Biblioteca Piloto decidió organizar una exposición que recogiera la historia de la fotografía y mostrara la obra de los más importantes fotógrafos activos en ese momento. La exposición se denominó “Cien años de la fotografía en Antioquia”. Ya desde el título se palpaba la ignorancia que teníamos sobre la evolución de la fotografía. De manera intuitiva, los organizadores calculábamos que la historia en el departamento se debía haber iniciado en la década de los ochenta del siglo XIX. Nos habíamos pifiado por más de treinta años. En efecto, la investigación nos llevó hasta septiembre de 1848 cuando el envigadeño Fermín Isaza abrió el primer gabinete de daguerrotipia que se conoció en Medellín.

Aquella exposición fue un despertar. Se descubrió que la historia de la fotografía en Antioquia constituía una inmensa riqueza que no se había dimensionado y que muchos de los archivos se conservaban intactos. Se decidió entonces emprender el rescate de los mismos y con la adquisición por parte de la Piloto del archivo de negativos de Benjamín de la Calle, en noviembre de 1982, se constituyó el “Centro de Memoria Visual de Medellín”, tal vez el acervo documental más importante existente hoy en Latinoamérica.

Unos meses más tarde, en 1983, el Club Fotográfico Medellín convoca el Primer Salón Colombiano de Fotografía. Este evento le otorga una nueva dimensión al Club, al convertirlo en el epicentro de la actividad fotográfica del país. Contando siempre con la decidida colaboración de la Compañía Suramericana de Seguros, las 23 ediciones del Salón realizadas hasta la fecha, constituyen un referente necesario para la historia contemporánea de la fotografía en Colombia. Sobre el significado de este tipo de eventos, el crítico de arte Eduardo Serrano, en su libro “Historia de la Fotografía en Colombia 1950-2000” sostiene: “Es indiscutible el aporte que salones y clubes han hecho en cuanto a la preservación del concepto de fotografía como arte, a la popularización de la imagen fotográfica, a la difusión del medio y a la clarificación de algunos de los valores inherentes a lo que se ha entendido tradicionalmente como “una buena fotografía”.”

Fuera del Salón, la dinámica generada por el Club Fotográfico Medellín durante más de cincuenta años de vida, ha permitido que en la ciudad se mantenga vivo el interés por la fotografía y se realicen eventos de importancia como “Foto-fiesta. Medellín 2003” y el “Encuentro Colombiano de Fotografía”.

Como nunca antes en su historia, la fotografía vive una verdadera revolución debido al surgimiento de nuevas tecnologías para captar la realidad. Lo digital ha enviado al recuerdo los cuartos oscuros, el olor a químicos, la magia de la imagen que surgía con lentitud en el fondo de la cubeta. Hasta la manera de mirar a través del objetivo ha desaparecido. Las marcas de las nuevas cámaras hacen referencia a electrodomésticos o equipos de computación. Todo parece cambiar excepto el ansia del hombre por capturar el instante, por perpetuar los recuerdos a través de la imagen, por dejar constancia de la vida a través de la fotografía.

Citas bibliográficas

1.                García Estrada. Rodrigo de J. Sociedad de Mejoras Palmas de Medellín. Cien años haciendo ciudad. Medellín: Op Graficas.1999. p. 37.

2.                Jaramillo Sierra, Joaquín. Club Fotográfico Medellín. Boletín N.' 50. Medellín. Mayo de 1960. p.19.

3.                Academia Cultural Yurupary. Joaquín Jaramillo Sierra, fotografias. Medellín: Litografía Especia1.1995, p.VII.

4.                Jaramillo Sierra. Joaquín. Club Fotográfico Medellín. Boletín N° 50. Medellín. Mayo de 1960.p. 19.

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