LOS FUNDADORES

El padre Andrés Ripol era un monje Benedictino de origen catalán, que llegó a Medellín a principios de los años cincuenta, procedente de la madre patria con el encargo de establecer una Abadía en la ciudad, en compañía del padre David Puyol. En muy corto tiempo se ganó el respeto y la admiración de la ciudadanía medellinense. Su papel como sacerdote, como artista y como hombre emprendedor, le hizo bastante popular entre la elite de la ciudad.

De su gran amistad con el filósofo envigadeño Fernando González , quedó constancia en un libro que éste tituló “Cartas a Ripol”.  

Grandes empresas de la ciudad adquirieron sus fotografías para ilustrar sus publicaciones. Se recuerdan los magníficos calendarios de Coltejer que cada año incluían fotos del padre Ripol, tomadas en los más bellos rincones de Colombia.

Otro de los miembros del Comité fue el ciudadano español Antonio García Hernández, quien llegó a Medellín a principios de los años cincuenta, para establecer una empresa litográfica subsidiaria de la que poseía en Bogotá bajo el nombre de Editorial Retina, y que tenía como clientes a las grandes industrias antioqueñas. La empresa recibió el nombre de Editorial Colina. 

Don Antonio era un hombre acuerpado y de gran estatura. Tenía una gran visión de negocios, increíblemente versado en el manejo de las máquinas de litografía. Su papel como fundador, tuvo gran importancia por haber sido uno de los que aportaron capacitación a través de frecuentes charlas y también por el apoyo que la Editorial Colina brindó al Club, patrocinando la impresión del Boletín.

Por la época de la fundación, era don Antonio un hombre de poco menos de cincuenta años. Se inscribió como socio desde un principio y permaneció activo por mucho tiempo. En 1965 fue nombrado Socio Honorario.

Pablo Guerrero Hurtado, otro de los fundadores del Club, describe así a don Antonio García Hernández:

“Hombre de carácter muy fuerte, con el ceño fruncido y con un agudo acento español, don Antonio García Hernández era mucho mayor que yo, pues tenía alrededor de cincuenta años. Increíblemente versado en la mecánica y el manejo de sus máquinas. Se compró la mejor cámara y aprendió a producir las imágenes que su empresa necesitaba. En el Club tuvo una posición muy destacada aunque no competía. Tampoco hacía retratos. Nos enseñó mucho, con gran ilustración y mucha propiedad.

Don Antonio García se asoció con el padre Andrés Ripol su gran amigo, para trabajar juntos la fotografía; ellos eran los principales fotógrafos de publicidad de esta época en Medellín. En Colina hacíamos los almanaques de las grandes empresas. Recuerdo un bellísimo calendario para Coltejer en el 57 o 58, con fotografías de un viaje con Ripol por la Guajira. Posteriormente, don Antonio fijó su residencia en Caracas. Murió en la ciudad de Málaga, España”.

Junto con Gonzalo Restrepo, Joaquín Jaramillo y Andrés Ripol, Antonio García constituyó el primer grupo de líderes que tuvo el Club. Dos colombianos y dos españoles.

Por allá en el año 51 o 52, apareció en el periódico un aviso que anunciaba que el padre Andrés Ripol iba a presentar unas diapositivas de la Abadía de Monserrate. Don Joaquín Jaramillo asistió a la presentación y a la segunda diapositiva, cuenta Alicia, su hija que le acompañaba en aquella ocasión, dijo: este hombre es un artista. Se levantó de su silla y preguntó: padre, ¿que cámara usa usted? y el padre le respondió: una Contax y siguió. Cuando se acabaron las fotos, don Joaquín se le acercó y lo invitó a su casa. Así comenzó la amistad entre ellos.

Joaquín Jaramillo Sierra realizó sus estudios secundarios en Barcelona, a donde su familia se trasladó en 1914. Más tarde fue a los Estados Unidos en donde hizo estudios de Ingeniería Civil. Requerido por sus familiares, regresó en 1922 a Colombia con el propósito de ponerse al frente de los negocios que poseían en el país. Su vida transcurrió entonces, entre la realización de grandes proyectos urbanísticos, las haciendas de Yalí y Niquía, su labor cívica y sus frecuentes viajes al exterior. Fue presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas en varias oportunidades, apoyó el movimiento Scout y presidió la Junta del Club Campestre.

Su obra fotográfica, junto con dos escritos biográficos, uno de su hijo Germán Jaramillo Olano y otro de Juan Fernando Mesa Villa, fue publicada en un libro por la Academia Yurupary de Medellín, como parte de la celebración de sus diez años de servicios, en 1995. En esta obra leemos:

“Cofundador e impulsador del Club Fotográfico Medellín, ocupó cargos directivos en él y fue luego su presidente honorario. Colaboró con su Boletín como cronista y crítico estricto; se responsabilizó de las relaciones internacionales del club y lo enriqueció con importantes disertaciones. Compartió sus aventuras fotográficas con sus amigos Andrés Ripol y Gonzalo Restrepo Álvarez. En reconocimiento a su labor fotográfica, fue distinguido como Miembro Honorario de la FIAP (Federation Internationale de L art Photographique)”. 3

En su trabajo fotográfico, don Joaquín prescindía totalmente de recursos técnicos como el flash; siempre prefirió la luz natural. La mayor parte de su obra fue realizada en la técnica de la diapositiva, la cual llegó a dominar maravillosamente. Fue un gran aficionado al cine, siempre como productor y camarógrafo, nunca como espectador, anota su hijo Germán en el libro mencionado. Sus documentales sobre la selva chocoana, sobre la península de la Guajira o sobre el paisaje nariñense, son evocados allí mismo por Juan Fernando Mesa.

Don Joaquín tenía ojos picaros y una mirada penetrante, maliciosa. Tenía un carácter fuerte, pero no se excedía con nadie. Nunca lo nombraron presidente del Club por la presunción de que no lo soportarían por su carácter fuerte. Fue representante de la FIAP en Colombia. Presidió la Convención Panamericana de la fotografía en México. Estuvo en las convenciones de El Cuzco, Perú y Sao Paulo, Brasil. Posteriormente organizó la Convención en Medellín.

Es muy interesante observar cómo don Joaquín Jaramillo se ocupó de respaldar a su gran amigo Gonzalo Restrepo Álvarez, durante los primeros catorce años, cuando éste ocupó la presidencia del Club. La labor que don Joaquín asumió espontáneamente como cronista del Club, es algo de una enorme proporción desde la perspectiva de la historia. Estos dos personajes constituyeron un equipo que lanzó al Club hacia el futuro, con una estructura estable, una programación muy bien enfocada y unas sólidas tradiciones.

El doctor Gonzalo Restrepo Álvarez era un hombre muy bondadoso, de gran carácter, muy sincero y amistoso, que se entregó al proyecto del Club sin reservas. Fue un líder de carisma que inspiraba un gran respeto; siempre estaba dispuesto a colaborar, a enseñar y a orientar.

De profesión arquitecto, fue Gonzalo Restrepo el fundador de la empresa Ingeniería y Construcciones, una de las más prominentes de la época en el campo de la ingeniería en la ciudad.

Como artista, don Gonzalo Restrepo era una persona genial. Siempre fue un estudioso de la fotografía, se distinguía por la pulcritud de su trabajo y su buen gusto; era muy exigente consigo mismo y con los socios del Club. Sus conocimientos técnicos de fotografía eran de muy alto nivel; con frecuencia disertaba sobre diferentes tópicos. Dominaba todos los temas. Fue uno de los viajeros del club, que traía siempre bellas imágenes de sus recorridos.

Fue el ganador del cuarto puesto en el concurso que dio origen al Club, con una fotografía de Santa Fe de Antioquia llamada “Calle de la ronda”. Era una de las personas que más premios ganaba en los concursos internos y llegó a acumular el máximo puntaje entre todos los socios durante mucho tiempo. Poseía una cámara Rolleiflex y también una cámara de estudio, que usaba sólo para los trabajos de la empresa. En Ingeniería y Construcciones quedó un legado de trabajos fotográficos de seguimiento de grandes obras de la ingeniería regional.

Gonzalo Restrepo era también un gran melómano, bastante conocedor de la música sinfónica. Era tal su amor por la música, que varias veces prefirió un concierto a una reunión del Club.

Era un hombre bastante pausado para dirigir las reuniones, buscaba siempre el término correcto para dirigirse a los asistentes, con un gesto de intelectual. Siempre iniciaba las reuniones sentándose en su silla y tocando la campana, una de las más bellas tradiciones de la época. Se distinguía por su espíritu conciliador, que hábilmente usaba para recoger los aportes de todo el mundo y dar forma a las reuniones. Los socios le tildaban de ser demasiado democrático.

Otro aspecto interesante de don Gonzalo eran sus dotes de cocinero. Su especialidad era la Paella. El Club recuerda todavía esas reuniones memorables en las cuales, vestido pulcramente con su traje blanco y gorro de cocinero, celebraba en público el ritual de la paella. Ese día, los socios debían llegar temprano a la finca que él tenía cerca de Don Diego en la carretera a La Ceja, para lavar la paellera, recoger la leña, preparar el fogón y ayudar en todos los menesteres de tan elaborado plato. En estas ocasiones, el consumo de “revelador” (aguardiente) era parte del ritual para acompañar la lenta cocción que era uno de los secretos de su famosa preparación. Como hombre de finas costumbres, era un gran catador de vinos. Fue don Gonzalo un hombre de grata recordación, quizás la primera gran personalidad del Club. Ocupó la presidencia en forma consecutiva durante los primeros catorce años. 

Para integrar la primera junta directiva fue llamado también Julio Restrepo de León, el Ganador del concurso de fotografía que dio origen al Club. Se hizo acreedor al premio con una fotografía en blanco y negro, llamada “El interior de la casa de los Marqueses de Valdehoyos”. Era un ingeniero civil cartagenero, con gran dominio de la técnica. Duró poco tiempo en el Club.

Queremos mencionar aquí a Samuel Piedrahita, otro socio fundador que aunque no ocupó cargos directivos, fue un hombre de muy grata recordación. Alto, elegante, abogado de profesión, se contaba entre los mayores del grupo, por lo cual era respetado. En aquella época era una persona destacada en el mundo local de la fotografía, que sorprendía con la calidad de su trabajo.

Al doctor Gonzalo Restrepo lo sucedió en la presidencia Octavio León Mesa, otro de los fundadores, que por mucho tiempo tuvo el cargo de Director de Paseos, responsabilidad que desempeñó con mucho éxito y que le hizo muy popular entre los socios. Miembro de una familia muy distinguida de la ciudad, dedicada por años a la industria de cueros, hijo de don Jesús Mesa C., distinguido miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas, fue el creador de la firma Mesacé, de gran prestigio nacional.

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