Una cámara análoga Ricoh fue mi primer acercamiento al intricado mundo de la fotografía. Solo miraba por el visor y disparaba en ocasiones especiales, dado que los costos de una fotografía tamaño postal eran significativos.
Mucho tiempo después, por azares del destino, di mi primer paso como fotógrafo aficionado con una Nikon D750. La estrené en el festival aeronáutico de julio de 2019, logrando capturar unas fotografías que, más que por su calidad, me sorprendieron porque las había logrado. Semanas antes había aprendido a manejar la cámara siguiendo videos de YouTube que mostraban la configuración, aunque poco entendía, los seguía al pie de la letra.
Para el revelado, comencé con el software de Nikon, pero según influenciadores de YouTube, dejaba mucho que desear. Por ello, adquirí una licencia de ON1, que después dejé de usar cuando los influenciadores españoles empezaron a hablar de CaptureOne. Con este programa comencé a trabajar mis imágenes con más profundidad.
Un domingo me animé a hacer fotografía en la ciclovía de Medellín. La tensión del momento, sumada al peso de la cámara, me hizo pensar en tener una más liviana. Una vez más recurrí a YouTube y descubrí la cámara del momento: la Fujifilm X-T4.
Con el tiempo, luego de leer varias veces el manual de la X-T4 y pasar horas en cursos virtuales de fotografía, puedo decir que soy un fotógrafo… fotógrafo aficionado.
He combinado la práctica con mis viajes, que son la mejor excusa para tener la cámara en mano y congelar en el tiempo mi historia con imágenes del mundo.
Hoy, aunque me siento más cómodo con la fotografía de viaje, no dejo de ilusionarme con trabajar y mejorar la fotografía de retrato y de producto, que fueron mis primeros intentos en el arte de la fotografía.
Comparto mi historia fotográfica en mi Instagram:
@acarvajalm,
y mis proyectos se pueden ver en mi página: